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ENTREVISTA EN "EL MUNDO"
Raphael: "Es verdad, los antiguos estamos como nunca"
Reproducimos a continuación un fragmento de la entrevista concedida
a "La Revista" de EL MUNDO en 1997, donde Raphael reflexiona
sobre su carrera y opina sobre otros artistas. Ante el rápido
e insistente ataque del periodista, Raphael, tan listo, sigue el juego
sin mosquearse.
Pregunta.-Algo está pasando aquí,
Raphael. Vuelven con demasiada fuerza las viejas glorias.
Respuesta.-A lo mejor las nuevas glorias no cuajan, vete tú a
saber. Miguel Ríos, por ejemplo, está mejor que nunca.
Serrat, ni le cuento. Serrat no está mejor que nunca porque siempre
estuvo bien, pero el paso del tiempo lo lleva estupendamente. Ana Belén
me parece fantástica. Y Rocío, ¿qué podemos
decir de Rocío? Rocío Jurado tiene una voz cada vez más
espléndida. Y la Dúrcal, uf, la Dúrcal hace estragos
en América... Eso sí: yo rompería una lanza en
favor de Alejandro Sanz, que también es estupendo.
P.-Todos son estupendos, o sea.
R.-Todos no. De los nuevos, me gusta Alejandro Sanz porque lo hace divinamente;
yo cantaría sus canciones... Pero es verdad, los antiguos estamos
como nunca. Son fenómenos naturales. De pronto vienen rachas
que hacen rrrrassss, y te devuelven al primer plano. En mi último
disco hay una canción que dice: "¿Sabes qué
pasa? Que no pasa". Pues eso digo yo también: que no pasa.
P.-¿Acepta entonces que me dirija a usted llamándole
vieja gloria?
R.-Alto: yo no me considero vieja gloria porque no estoy retirado ni
lo he estado jamás. Al contrario: desde hace mucho tiempo no
dispongo de un sólo día libre. Tengo conciertos contratados
para más de un año: un día, y otro, y otro, sin
parar nunca. Ahora estoy haciendo por todo el país lo que en
Estados Unidos llaman previus y ahora me presento en Madrid por todo
lo grande. Y vuelta a empezar otra vez... Una vieja gloria no aguantaría
un calendario tan apretado.
P.-Pero esa tendencia retromelancólica se está
imponiendo demasiado. En los antros nocturnos, los jóvenes más
radicales guardan las canciones de Raphael, de Antonio Molina o de la
tuna para ponerlas a las cuatro de la mañana, cuando todo el
mundo está pasado de vueltas.
R.-No me hable de los chiringuitos nocturnos, que me los conozco. Allí
se apalanca mi hijo Manuel todas las noches. Pero no sabía que
los borrachos y colgados se hermanaran con canciones de Raphael y Antonio
Molina. Eso suena bien o suena mal... Depende.
P.-No depende de nada. Es así.
R.-Hace un par de años, cuando estaba preparando unos conciertos
en Madrid, me llamó una taquillera del Palacio de Congresos para
decirme: "Raphael: en la cola hay gente muy rara, gente rapada
o con el pelo verde"... Entonces yo respondí: "No se
preocupe, mujer. Es mi público".
P.-¿Los rapados flipan con usted? Dios mío,
lo que hay que oír.
R.-Son los de Alaska. . El día del concierto al que me estoy
refiriendo, cuando estaba a punto de salir escuché una ovación
muy fuerte, inmensa, y al volverme vi que era un cantante pop inglés,
muy conocido, que iba acompañado de Alaska.
P.-Pues no pega nada.
R.-Lo normal sería que vinieran parejas de novios, o matrimonios,
pero ya ve, de pronto las generaciones jóvenes tienen esos fervores
repentinos... Bien pensado, es halagador que le elijan a uno, aunque
sea para flipar de madrugada.
P.-Seguro que sus hijos no lo tienen a usted de ídolo
musical.
R.-Se equivoca.
P.-No le creo.
R.-Suba conmigo a sus cuartos y verá. Jacobo, el mayor, guarda
en una cuna todos sus CD. No los he contado, pero yo diría que
la mayoría son de Sting y de su padre. Manuel, el pequeño,
también tiene muchos discos míos. Manuel toca la batería
en un conjunto que se llama In fraganti. Ensayan en casa, y cuando voy
por el pasillo y los oigo, me sonrío, no lo puedo evitar. El
grupo está haciendo versiones de canciones antiquísimas
mías, canciones de cuando yo tenía 14 o 15 años,
pero en versión heavy metal. Hay una titulada Yo no tengo a nadie,
que suena muy divertida y graciosa. Otras no, francamente, porque tienen
exceso de ruido. El caso de la niña es distinto. La niña
es menos fan, o digamos que no es una fan tan vehemente.
P.-Usted presume mucho de hijos.
R.-A Manuel le leo a menudo la cartilla. Estudia Business, y yo siempre
le reprocho que invierta tanto tiempo en la música. Pero él
es puntilloso y me devuelve en seguida la pelota. "Mira",
dice, "mientras no saque malas notas no te quejes". Y tiene
razón. No puedo quejarme porque es buen estudiante. Con Jacobo
la cosa cambia. Jacobo es tremendamente responsable y se ha tomado el
cine con una gran vocación. El otro día presentó
en Alcalá de Henares un corto y yo fui a verlo. Como los acomodadores
me conocían me dejaron entrar de tapadillo para colocarme en
la última fila. Me reí mucho, aplaudí a rabiar
y sentí un gran orgullo. Y es que me hace mucha ilusión
tener un hijo director de cine. El año pasado me hizo una película
de dos horas dando la vuelta al mundo, y este año ha realizado
el videoclip de la primera canción que se va a lanzar de mi disco.
Alejandra, la niña, estudia restauración. Qué se
le va a hacer: mis tres hijos han salido artistas. Lógico. Lo
llevan en los genes.
P.-Sigo sin entender que lo idolatren musicalmente.
R.-Tampoco exagere. Ellos tienen sus gustos, pero yo no estoy excluido.
Lo que no les falta es espíritu crítico. El otro día
pasaron un especial mío por televisión, lo vieron y al
día siguiente me echaron el correspondiente repaso.
P.-¿Le criticaron?
R.-Algunas cosas.
P.-¿Qué cosas?
R.-Les gustó que no hubiera presentador y que yo no hablara.
P.-¿Y qué no les gustó?
R.-Pásmese: que yo no llevara corbata. Será que se han
acostumbrado a mi corbata de lunares. Pero si me pongo corbata y me
la arranco durante la actuación, entonces tampoco les parece
bien. En general, no son duros. Simplemente, tuercen un poco el gesto
cuando hago alguna tontería.
P.-Reconózcalo: usted hace algunas tonterías.
R.-Pocas, amiga. Pocas.
P.-Días atrás hizo una bastante gorda: se desmelenó
teatralmente bailando sevillanas en el Rastrillo.
R.-¿Y qué? Me sacaron y no me podía negar. Cuando
vi la fotografía en una revista, pedí que me la ampliaran
para tenerla de recuerdo. Entonces, ellos, mis hijos, me fulminaron
con la mirada. "Por favor, no andes enseñando esa foto",
dijeron.
P.-¿La edad hace trastadas?
R.-Yo aún no desvarío.
P.-Camilo Sesto, por ejemplo, se ha plantado un pelucón
y viste como una señora de Valencia.
R.-¿De verdad lleva peluca? No puede ser. Aunque hace casi diez
años que no lo veo.
P.-Y Julio Iglesias, no me diga. Julio se ha planchado la
cara con almidón y viste blanquito como un comulgante.
R.-El problema de Julio es que toma demasiado el sol y se le está
pudriendo la cara. Si le gusta y acepta las consecuencias, allá
él, pero no debe llamarse a engaño.
P.-Su problema, en cambio, son las maneras.
R.-¿El mío? ¿A qué se refiere?
P.-Al exceso de maneras. Podría pegársele algo
de Natalia, que es la sublimación de la sobriedad.
R.-Uno es como siempre ha sido.
P.-Muchos nos hemos preguntado si ella, Natalia, no le ha
pedido en privado que deje de hacer o decir determinadas cosas.
R.-¿Por ejemplo?
P.-Alabar el antiguo régimen o prodigarse en gestos
manieristas, afectados.
R.-Sí, me lo dice. Lo del antiguo régimen fue una metedura
de pata que asumo con toda responsabilidad. Por cierto, en aquella ocasión
acudí a ella y le dije: "Natalia, ayúdame".
Y me ayudó. Dio la cara por mí con gran elegancia. Dicho
esto, he de aclarar que mi comentario se magnificó y que la persona
encargada de corregirlo y aumentarlo fue un periodista que estaba resentido
porque me había hecho una letra y yo la había rechazado.
P.-¿Quién es ese periodista?
R.-No debo decirlo. Callarse también son buenas maneras.
P.-Hable mal de alguien, Raphael. Aunque sea de las Spice
Girls.
R.-Algo tendrán las Spice, porque a nadie le regalan nada en
este vida.
P.-Tienen marketing.
R.-¿Y le parece poco?
P.-Hombre, eso es trampa. ¿Y Enrique Iglesias? ¿Qué
tiene Enrique Iglesias?
R.-Es un fenómeno fácil de comprender. Su público
está compuesto por niñas de 13 años que se vuelven
locas por él. Sus conciertos en España no funcionaron
bien porque eran caros y a horas muy tardías. Pero tiene un repertorio
bastante completo.
P.-¿Y Manolo cabeza bolo? ¿Qué le parece?
R.-...¿Quién...?
P.-Es un cantante que vive en un psiquiátrico. Hace
música chapucera, lo sacan para dar conciertos y luego lo vuelven
a encerrar.
R.-Soy un ignorante y un gilipollas, definitivamente.
P.-¿Los del Río?
R.-Me hacen gracia. Han entendido bien su papel en la música
y le sacan muchísimo partido.
P.-¿Rosana?
R.-No le acompaña el físico, pero compone muy bien.
P.-¿A quién envidia?
R.-El terreno de la envidia me es ajeno. No se me ha perdido nada ahí.
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"Yo no me considero vieja
gloria porque no estoy retirado ni lo he estado jamás"
"Desde hace mucho tiempo no
dispongo de un sólo día libre (...)
Una vieja gloria no aguantaría un calendario tan apretado"
"La mayor fan que yo tengo
en este mundo es Alaska"
"Hace un par de años,
cuando estaba preparando unos conciertos en Madrid, me llamó
una taquillera del Palacio de Congresos para decirme: "Raphael:
en la cola hay gente muy rara, gente rapada o con el pelo verde"...
Entonces yo respondí: "No se preocupe, mujer. Es mi público"
"Mis hijos tienen sus gustos
pero yo no estoy excluído"
"Qué se le va a hacer:
mis tres hijos han salido artistas. Lógico. Lo llevan en los
genes"
"El terreno de la envidia
me es ajeno. No se me ha perdido nada ahí"
"Algo tendrán las Spice,
porque a nadie le regalan nada en este vida"
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